Llegamos un Miércoles noche, después de un par de aviones Cuzco-Trujillo vía Lima. Entre avión y avión, nos dio tiempo a escaparnos al cercano, sombrío y ya conocido barrio de Callao, a degustar un exquisito plato de tallarines con arroz chaufa (lo que aquí curiosamente denominan aeropuerto, no me pregunteis por qué), y un pollo asado con papas, ración tamaño gigante hasta la saciedad, madre mía qué empacho!.
Trujillo está situada a unos 600 km al norte de Lima siguiendo la linea de la costa. Habíamos oído que Trujillo se caracterizaba por poseer las bellezas peruanas (cosa que yo ya sabía antes de ir, jeje), y es cierto, tienen un aire más occidental que otros lugares de Perú.
El aeropuerto de Trujillo, sorprende por su minimalismo, en una ciudad de casi un millón de habitantes, era de esperar algo más que una única puerta de embarque y salida, direrectamente a la calle! Con una única cinta de equipajes, gracioso. Y allí estaban la prima Karla, el primo Coco y su mujer, todos más o menos de nuestra quinta, aguardando expectantes. Llegamos a casa de Karla y de los tíos Guillermo y Carmen, una casa preciosa en una zona residencial bastante céntrica, con cierto aire colonial. Antaño, la casa se componía de una entrada principal con un pequeño patio recibidor ajardinado, un amplio salón comedor, cocina y 2 habitaciones, cuarto de baño. Pero con la sucesiva llegada de las hijas (3 en total), la residencia Ríos Baquedano, tuvo que ampliar su morada invadiendo el descampado posterior de la casa. Ahora lucía un mimado jardín, con una infinita variedad de flores, una soleada mesa de verano con su sombrilla, y un edificio adyacente de tres pisos que suplía con mucho sus necesidades. Allí nos quedamos nosotros, en una habitación alejada del mundanal ruido, salvo el dulce despertar de los pajaritos, y la llamada de la tía Carmen, a tomar nuestro jugo de exóticas frutas y el delicioso desayuno. Vamos, estábamos como reyes. El día a día de nuestra semana, se basaba, principalmente, en conocer a la amplia familia Baquedano.... vaya lío teníamos, y esque ya hay una tercera generación de Baquedanos por el mundo desde que Fernando padre abandonara Trujillo lindo hacia la madre patria... O bien esperar a Karla después del trabajo, para descubrir la ciudad y sus encantos…
No muy lejos, hace menos de 20 años, en unas montañas poco elevadas, donde probablemente hayan correteado más de una vez los Baquedano, se descubrieron casualmente 2 templos
Alguien las llamó las HUACAS del Sol y de la Luna, fruto de la civilización Moche.
Y poco más allá, a unos 15 km, se encuentra HUANCHACO, la playa de Trujillo, lugar de veraneo de cientos de trujillanos y demás turistas. También allí degustamos un Ceviche (sí Sara, es imposible parar de comer ceviche).
Se trata de un plato de pescado fresco, marinado con un rico jugo de limón y cilantro, que hace las veces de salsa, con su yuca, su camote y su choclo, todo acompañado de vistas al mar y una brisa suave…
Y así transcurre la vida en Trujillo, cuando se va de espectador. Vida tranquila, agasajada por una familia agradable, acogedora, muy cariñosa y agradecida por nuestra visita, lo que inevitablemente nos hace demorarnos hacia el próximo destino: La Cordillera Blanca, Huaraz, la segunda más alta del mundo, después de la del Himalaya.
Comentarios
Un beso fuerte a los dos.
Isa.
Qué pasada! Qué bonito todo y qué emoción leerlo!
Por cierto... quiénes son los de la foto antigua del principio?
Un besito muy fuerte a los 2!
Un abrazo, ya puedo leer el blog
que tal van las botas nuevas...no te han dejado tirado otra vez???
Carnaza!!! queremos carnaza!!!!
Yo tampoco podia leerlo...me alegro de volver a hacerlo...
chao...besos y seguid cuidandoos...
Besos.